EL PISOTÓN
Este relato quiere transmitir unas sensaciones y reflexiones partiendo de una cosa tan nimia, que me ocurrió y que a la vista de cómo está el mundo, casi no parecería tener importancia, pero a mí me hizo sacar conclusiones y reflexionar. Esto, ocurrió una tarde soleada de primavera, en una bonita localidad Vizcaína y en una zona de Costa, a la que acudí aprovechando el buen tiempo y donde doy mis paseos matinales y también vespertinos, contemplando con placer los amaneceres y atardeceres, que nos ofrece la naturaleza, sentándome a descansar, en las zonas de reposo, con bonitas vistas al mar. Debo decir, que en mi trayectoria de vida, siempre evité cualquier tipo de violencia, física o verbal. Aunque siempre y a lo largo de mis años, en alguna ocasión, pudieron surgir algunos conatos de discusión con algunas otras personas, de carácter más fuerte y con las que yo procure evitar por todos los medios, cualquier confrontación. Pero el hecho que me ha movido a escribir este relato, ha sido una reacción que yo tuve en una fracción de segundo….Una reacción que por impulsiva y no meditada, le costó la vida a otro “ser”,…… si si….. ya sé” que aquí está la parte del “suspense” de esta historia porque hablamos de la existencia de otro “ser”, ya que a veces, nuestros egoísmos y desidias, e incluso nuestros comportamientos, en algunas acciones de nuestra vida, no nos dejan reflexionar, sobre la importancia de las vidas de los demás , a menudo, las menospreciamos y no le damos la importancia que tienen, porque vivimos inmersos en una dinámica de egocentrismo , donde lo único que parece importar, es el triunfo personal, el yo, mí, me, para mí, y así se van perdiendo muchos de los valores que tuvimos y cultivamos en nuestra infancia y juventud, sabiendo tener mucho respeto por aquellos que eran superiores, en edad, dignidad y gobierno, más también y en numerosas ocasiones, ayudando y respetando a los más desfavorecidos, por su suerte en la vida . Pero…., vayamos a la historia que ha ocasionado este relato, y que como he dicho anteriormente, ocurrió una tarde soleada de primavera…………… Estaba solo y sentado en un precioso Mirador con vistas al mar, compuesto por una zona amplia, de hierba fresca, rodeado de una urbanización de Chalets en su entorno y protegido con un vallado de postes redondos de “madera tratada”, para evitar su deterioro por la climatología norteña y con otros postes redondos en posición horizontal, a modo de apoyabrazos que sirven, como protección, para no caer por el acantilado en el que está ubicado este precioso paraje, también dispone de unos bancos, para poder descansar en ellos, cuando se ha llegado después de un agradable paseo, hay cinco bancos individuales y tres para cuatro o más personas, donde en numerosas ocasiones se forman interesantes tertulias, entre los caminantes que allí vamos, reuniéndonos a descansar tras la relajante caminata.
Este día, en el que se desarrolla esta acción, me encontraba solo en este bonito lugar y quizás un tanto pensativo o aburrido, lo que de alguna manera propició la reacción que centra la historia, porque el meollo de la misma se basa, en la desaparición de un ser vivo que tenía todo el derecho a vivir, ya que formaba parte de este gran ecosistema en el que todos habitamos y que yo, en un momento de inconsciencia, arrebate su derecho a existir, con un simple gesto tan sencillo como dar un “pisotón a una hormiga”, que se encontraba pululando a sus anchas, por la parte del mirador, compuesta por un suelo de cemento por donde ella se acercaba a mi pie y que fue lo que motivó mi reacción. Lo hice de forma, tan totalmente insensata, e inconsciente, que no di ningún valor a lo que estaba haciendo en ese instante. Esta reacción, que fue voluntaria, pero no meditada, me produjo al poco tiempo, (un minuto más tarde quizás y al encontrarme solo en ese momento), una especie de remordimiento, que me hizo reflexionar y preguntarme, ¿por qué había tenido esa reacción no habitual en mí? Despreciando a ese “ser”, que por el hecho de ser pequeño lo maté en un gesto de prepotencia hacia un “ser” inferior, como si nosotros, los considerados seres superiores, tendríamos el derecho a disponer de las vidas de los otros, a los que creemos inferiores, sin valorar, ¿que la vida de ese insecto es tan importante para él, cómo para mí, la mía propia?. Con la calma que me producía el hecho de estar solo en el entorno y no tener nadie con quien distraerme, comencé a llegar a diferentes conclusiones que me llevaron tener que reconocer, que yo también podía parecer un ser inferior, a los ojos de otro ente , dentro de nuestro mundo, o de nuestro universo, también podía ocurrir que este “ser”, se considerara superior a mí, y quien (como yo hice), podía destruirme de un solo pisotón, acabando así con una vida que para mí es tan valiosa, como la de la hormiga que yo pisé y que para ese “ser” superior a mi, ¿tampoco yo,¿ representaría nada? Esto me fue produciendo una sensación de arrepentimiento por el acto cometido, que me hizo llegar a lo más alto, o a lo más grande, que podemos pensar que existe en el universo……”.Dios”. Y entonces me pregunté, ¿y si Dios ese ser tan superior a todos……. que todo lo puede….. tuviera esos impulsos de superioridad, y en un acto de inconsciencia, se dedicara, ¿a pisar seres como nosotros? ¿Cómo nos parecería a los que podríamos llegar a valorar, ese comportamiento? Porque…. cada “ser” vivo, tiene……. tenemos una vida, que la valoramos, como lo más preciado para uno mismo, ya que en este mundo, cada uno, tenemos un valor importante, una misión que cumplir, una labor a realizar, dentro de nuestro universo, cada uno dentro de su entorno, su especie, su tribu, su familia, su pueblo, o nación, cada “ser”, tiene su finalidad en su propia existencia. Y entonces fue, en ese momento, lo que me hizo ver la “pequeñez” de mi persona, en el infinito Universo. (Mucho menos que la hormiga con respecto a mí) Lamentablemente se vienen produciendo y además con mucha frecuencia muertes producidas por la violencia en general, en todo el mundo, y siempre por querer mantener la supremacía de una etnia, raza, o género, sobre otras siempre por creerse superior al otro, y con total desprecio a la más elemental de las libertades, como es la propia vida y a los mas fundamentales, derechos humanos. También los espurios intereses de algunas clases, que dirigen los destinos del mundo, pisotean vidas y derechos de los pueblos, con el fin de conseguir sus objetivos, sin dar el valor que tiene la vida para el resto de los mortales. De estas conclusiones y de este hecho tan “nimio a primera vista, como pisar una hormiga”, he recordado, una lección muy importante; Y es que no hay nadie superior a otro, con derecho a disponer de su vida, por muy grande que se sienta, ni por más fuerte que sea, porque el derecho a vivir es inviolable y debe ser respetado, con toda la fuerza que nos da la razón, y porque es el mayor valor que tiene un ser vivo, y además porque en la cadena de la vida, siempre puede haber alguien, quien se crea más grande o más fuerte que yo y que por esa simple razón se sienta, con el derecho de disponer de mi vida, a la que siempre y como todo “ser”, le he dado el gran valor que tiene y además, una gran importancia.
Relato escrito por; José Alejandro Torre Abajo - 71 años, torre.josealejandro@gmail.com
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